Últimamente tengo la sensación de estar 5 horas al dia seguidas hablando sin parar. El problema es repetir las mismas cosas una y otra vez sin poder hacer nada para evitarlo. Ejemplo:
ClientaGenérica1: Perdona, ¿dónde están las sábanas?
LlaveAllen: Abajo, en Textil.
CG1: ¿y las almohadas?
LA: También abajo, en textil.
CG1: ¿Y las fundas de colchón y los cojines..?
LA: *lo adivinaste* también abajo, en textil están telas,ropa de cama y todo lo relativo a los productos textiles.
CG1: ¿Y dónde has dicho...?
LA: Textil.
CG1: ¿Textil?
LA: Textil.
CG1: ¿Textil?
LA: ¡TEXTIL! ¡EN-LA-PLAN-TA-DE-A-BA-JO!*¡¡coño!!*
CG1: Aaah jiji, gracias blablabla
Aparte de los clientes sordos a quienes me gustaría depejar los tímpanos con ayuda de un sacacorchos, dos cables y una batería de coche, está el que no sabe exactamente qué es IKEA y quiere vestir, pongamos, un hueco para convertir en armario. Puedes explicarle que no puede ser cuantas veces quieras, el jodido berraco sigue sacando "las medidas que trae" para ver "qué podemos hacer". La pregunta estrella:
"¿PUEDO CORTAR ESTE "LOQUESEA" PARA QUE QUEPA BIEN?"
La pregunta de los cojones que llevo escuchando todo el mes. Todo el puto mes 50 veces al día. Cada día 2'83 veces a la hora. Cada hora 0'0347 putas veces veces por minuto. Cada minuto 0'0005787 por puto segundo de mierda. Todos los días. Los tarados mentales se ponen de acuerdo para ir a comprarse armarios a medida a un sitio donde no hacen nada a medida. Cierro los ojos y lo veo. Veo a una niñata con cara bovina y desequilibrios hormonales mugirme, no hablarme; veo a un grandísimo paleto (no confundir con gañán) con patillas, un polo de tommy hilfiger y una barriga cervecera llena hasta rebosar de mediocridad y frustración; veo a una fefa caduca deseando conseguir lo que desea desde la inutilidad más evidente, su gesto fascinado, expectante, laincomprensión absoluta del universo quela rodea grabada a fuego en sus pupilas dilatadas; y los veo decirme: ¿Entonces cómo visto mi armario con vuestras cosas? ¡Estas son mis medidas!
¿Queréis un puto cursillo de bricomanía? ¿Queréis desperdiciar mi tiempo con el vuestro? ¿Quécojones creeis que es esto, una puta academia de carpintería? ¿Os parece que me importa lo que vayais a hacer con la mierda que compréis? ¿Queréis quizá que por ciencia infusa sustituya esas noches que habeís pasado en disco-prostíbulos de mala muerte rodeados por zorras de usar y tirar y chuloputas sin personalidad por tardes estudiando dibujo técnico o aprendiendo a clavar puntillas por prueba y error? Bien. Es muy sencillo. Para recortar la altura basta con una sierra de calar como esta. ¿Ves qué bien corta tu tibia y te separa el pie del resto de tu prescindible persona? Siii es genial. ¡Y después lijar! Vaya, no sabia que debajo de la piel de la mejilla hubiera tanto músculo junto. ¡Y después hay que hacer taladros para sujetar el techo! Con cuidado, las costillas no son muy anchas, ¿ves? La broca de metal es perfecta para eso. Para las barras metálicas, después de cortar hay que soldarlas, mira qué fácil es abrir un canal a lo largo de toda la espalda con un soplete de butano. ¿A que no es tan difícil? ¡Mira cómo hierve la sangre y revientan los pulmones!
Bueno, calma. Sé que es mucho pedir que esta gente tenga el suficiente sentido común como para ir a un almacén de maderas y hacerse ellos mismos un armario con cuatro maderas y 10 tornillos. Es mucho más barato y se tarda bastante menos que en ir a IKEA, comprar el mueble, cortarlo, montarlo, cargárselo e intentar arreglarlo con escuadras, pero además hacen falta pulgares prensiles y un mínimo de coordinación espacial. Sin embargo, si el que te lo está vendiendo te dice que no se puede cortar, aún sabiendo que si no, no te lo llevas, yo personalmente le haría PUTO CASO. Pero repito: hace falta sentido común. Y ya sabemos lo que pasa últimamente con el sentido común. Y si lo tienes claro, simplemente hazlo. Porque deseo dejar claro, aqui y ahora, que NO vamos a decir que se puede cortar y que NOS SUDA EL CIPOTE lo que hagas una vez lo hayas pagado.
Y para terminar, quisiera saludar. A él. A esa putrefacta almorrana senil que quería una especie de reafirmación proveniente de una figura de autoridad paterna, yo para más señas, de que el puto armario se podía cortar. (Resumen: Almorrana senil: ¿Pero y si hago esto? LlaveAllen: Haz lo que quieras. AS: ¿pero se puede hacer? LA: No, pero hazlo. AS:¿Pero entonces esto otro se puede hacer? LA:Se puede hacer de todo, pero se caerá salvo que lo hagas muy bien. AS:¡Yo lo hago bien! LA:Pues hazlo y no me toques los huevos.) Consiguió que le dijera que sí para que me dejara de preguntar mierdeces de una puta vez. Y le saludo. Deseo que consigas cortarlo. Sinceramente deseo que tengas éxito. Que lo pongas en tu habitación. Que cuelgues ropa. Y que justo cuando estés pasando junto a él con tu nieto de 4 meses en brazos ceda la pieza del techo y el lateral caiga sobre tu frente acelerado por el peso de los kilos de ropa colgados en la barra, lobotomizándote con un tornillo enorme, saliente y oxidado (que habrás usado para asegurar la estabilidad del armario) anulando tu parte racional, haciendo que tu cerebro de lagarto irracional te obligue a devorar a tu nieto músculo tras músculo con tus propios dientes. Y que después, en el hospital, los médicos te consigan devolver a un cierto grado de racionalidad a cambio de permanecer tetrapléjico. Y que gracias a que la eutanasia es ilegal, pases como mínimo 5 años de tu imitación de vida postrado en la cama, cagando en pañales y alimentándote con un tubo, y que cada vez que cierres los ojos para intentar conciliar unos minutos de sueño se te aparezca la imagen del torso desmembrado y sangriento del hijo de tu hijo preguntándote con dulce voz: Abuelito... ¿por qué lo hiciste?
Me voy a por un bocata.